Uwe Lübbermann


Uwe Lübbermann

uwelübbermannEstoy haciendo algo razonable desde mi punto de vista. Intento reparar el capitalismo donde no funciona correctamente por sí mismo. Mejorar el mundo con un refresco de cola. ¿A qué me refiero con mejorar la economía? En realidad se trata de tres aspectos. El primero es la suficiencia, esto es, se puede reducir las necesidades a pocos recursos, poco dinero, pocas cosas. Esto a veces es incluso más agradable que cuando se tienen muchas cosas. El segundo aspecto es la eficiencia, pero no en un tema apremiante, sino a través de la renuncia a conflictos legales, por ejemplo. No hemos tenido ni un solo conflicto legal en 13 años a pesar de tener un montón de socios comerciales y no haber cerrado contratos legales por escrito. Se puede ahorrar mucho a este nivel pero ganando otro nivel de eficiencia. Y el tercer aspecto sería algo así como la resiliencia. Trabajamos con un gran número de socios comerciales con los que nos hallamos en sintonía, para no encontrarnos nunca solos en momentos de crisis. Este es para mí el paquete completo. En el plano financiero esto no puede compensarse ni con el triple de sueldo y este ya lo tenía en la universidad y no me interesa volver a recuperarlo. Entonces, los resultados de 2014 fueron la producción de 1,2 millones de botellas con 1680 socios industriales en 200 ciudades de Alemania, Austria y Suiza. Y estamos produciendo, distribuyendo y facturando todo lo posible, así que somos una empresa que se mueve en la economía real. Sin embargo, algunos dicen que estamos completamente al margen de ella, que no se puede comparar, etc. porque hay muchas cosas que abordamos de otra manera. Y un punto esencial es, por ejemplo, que renunciamos conscientemente a obtener beneficios. A ver, naturalmente queremos pagar los ingredientes, pagar el trabajo, dedicar un céntimo para reservas, de momento queremos tener salarios unificados de 16 euros brutos la hora, también para mí, por supuesto. Y si cubiertos todos estos costes queda algún sobrante, entonces tenemos que bajar los precios. Y esto es lo que hemos hecho ya cuatro veces en los últimos 13 años. Esto es precisamente porque de forma consciente no pretendemos obtener beneficios. Porque la posibilidad de tener beneficios es típica de un propietario y esto supone que yo, por ejemplo, como propietario me plantearía la posibilidad de presionar a los distribuidores para que bajen sus precios y aumentar mi porcentaje de beneficios. O podría emplear un marketing moderno y brillante para exigir un precio más alto a mis clientes que justificaría con mi necesidad de obtener mayores beneficios. Son este tipo de aspectos funcionales lo que pretendía excluir de nuestro sistema y esto claramente nos proporciona el objetivo de mantener nuestras cuentas con un saldo positivo, pero no más. Y entonces a primeros de 2013 tuvimos que subir nuestros precios porque también habían subido al mismo tiempo los precios del azúcar y la cafeína. Pero, ¿cuántos clientes creéis que hemos perdido? Ni uno solo. Porque previamente habíamos demostrado que nuestra intención sincera seguía siendo mantener el saldo positivo pero sin obtener beneficios.
¿Cómo funciona la democracia de consenso en una empresa?
No se trata de que vivamos de cualquier tipo de otras cosas. Eso tampoco serviría de prueba de que hemos logrado lo que nos proponíamos, si no pagáramos a todo el mundo por el trabajo que hacen. Queremos probar un tipo de economía, entonces también se trata de dinero. El origen de todo esto se remonta a hace 13 años y entonces pasó como sin darnos cuenta. En serio, yo no quería dedicarme a la producción de refrescos, fui entrando en esto como por casualidad, a través de una acción de protesta contra la modificación de recetas y cosas así. Y por entonces tenía el problema de que no tenía ni idea y a pesar de todo quería ser quien tomara decisiones precisamente por el hecho de ser el fundador. Por eso desde el principio decía: queridos amigos, afectados por las decisiones que hay que tomar, acercáos y contadme cuáles son vuestras necesidades, vuestros deseos y vuestras ideas y participad todos para que podamos construir juntos todo lo necesario. Y entonces hablamos hasta que todos llegamos a un acuerdo. Esto se llama democracia de consenso. Existen diferentes formas de realizarla y en nuestro caso consiste en que cada participante puede proponer cualquier tema, todos pueden opinar sobre cualquier tema y la negociación se prolonga hasta que nadie mantiene ningún veto frente a la última propuesta. Y esto en principio suena imposible cuando esto se hace entre personas que tienen intereses contrapuestos. El mayorista quiere vender caro, el restaurador quiere comprar a buen precio, por ejemplo. Pero esto es largo y complicado solamente al principio. En nuestro caso la fase difícil duró solamente el primer año, por entonces necesitamos unos cuatro meses para ponernos de acuerdo en las seis palabras que tenían que aparecer en la etiqueta y cosas así. Pero una vez se ha recorrido este camino y todas las necesidades de la gente están realmente integradas, entonces creo que a partir de ese momento esto se convierte en una forma social de llegar a la toma de decisiones, una forma muy estable precisamente porque todas las necesidades ya están integradas y no es necesario volver a tratar cada asunto una y otra vez. Por esa razón es también una forma muy eficiente de actuar. No solamente tengo la compensación económica de un sueldo, que para mí es más que suficiente. Con 16€ brutos la hora una persona soltera puede vivir perfectamente. Pero también hay complementos: los que tienen hijos ganan algo más por cada hijo, quienes tienen minusvalías también ganan un porcentaje más. Eso sería más o menos todo. Pero yo tengo también otros ingresos. El segundo sueldo es complemento de estabilidad a largo plazo. No dependo de una jerarquía, no estoy empleado dependiendo de una sola empresa, sino que tengo 1680 socios y si dos se van del proyecto por lo menos no se compromente mi medio de vida. Entonces tengo la libertad de entrar allí, hablar con vosotros, tener el aspecto que me apetezca, decir lo que pienso, decir absolutamente todo abiertamente y no en todos los trabajos esto es así. En general hay que estar en un lugar concreto, ponerse una corbata y no se puede decir todo lo que se piensa.
La democracia abierta funciona, pero no en el Piratenpartei…
Creo que son necesarios tres factores para que la cosa funcione. La primera es de alguna forma una especie de persona o grupo central, como sucede en cualquier proyecto open-source, algo así como un manteiner, un encargado de mantenimiento, que crea, lanza y continúa el desarrollo de la idea y que haga un poco el papel de conductor y mantenga el rumbo del proyecto. Y esta persona o este círculo de personas tienen que tener programado intrínsecamente el compromiso de no pretender decidir. Frente a esto naturalmente es necesario tener interlocutores implicados, que colaboren y que no consideren este aspecto como una debilidad de gestión, sino como una ocasión de llegar a soluciones de una forma fluida y realmente cooperativa. Y esto tiene que generar un condicionamiento mutuo, por así decirlo. En cuanto uno se sale del esquema, el otro reacciona también enseguida y se produce un balanceo, hasta lograr un equilibrio entre ambos. Lo tercero que se necesita es tiempo para poco a poco ir desarrollando soluciones, anotarlas como provisionales, entonces continuar, seguir desarrollando la siguiente solución y hacer que el proyecto crezca de una forma lenta y orgánica, para así crear una especie de cultura interna de la fluidez en las relaciones. En el caso del Piratenpartei creo que esto no ha funcionado porque al principio hicieron esto con mucha gente y sin tener una base. Al principio no había tiempo, este era el tercer factor. Al principio había gente fluida en la organización, pero estos tenían que cambiar cada año para no formar estructuras de poder informales. Esto lo puedo entender, pero esto tiene precisamente el inconveniente de que no se puede generar confianza a largo plazo porque cada año se encuentra uno con alguien nuevo. Creo que ha sido por estas razones que la cosa no funcionó. Yo mismo fui Pirata y creo que necesitamos urgentemente un partido así en el paisaje político. Pero tal como se intentó es una pena pero no ha funcionado.
Cambiar el mercado de una forma social y democrática.
Yo no hablaría necesariamente de un poder de mercado en el caso de un porcentaje de mercado de un par de décimas como las que tenemos actualmente, los grandes por supuesto tienen mucha más capacidad para influir en este tipo de cambios. Pero no tenemos que conformarnos solamente con nuestro propio horizonte en cuanto a número de botellas, sino que debemos estar abiertos a cooperaciones con un total de otros 18 fabricantes con los que colaboramos de forma amistosa.

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