Unhaltbar – Eckart von Hirschhausen

Eckart_von_HirschhausenLectura del Dr. Eckhart von Hirschhausen de su libro «Wohin geht die Liebe, wenn sie durch den Magen durch ist?»

9 minutos diarios de escucha ayudan a integrar el idioma extranjero

El siguiente texto trata un tema actual y espero que pueda resultarles divertido.

Imparable.

Oportunidades de gol desaprovechadas, un penalti fallado y todo el mundo se ríe de uno. Héroes que pueden convertirse en cuestión de segundos en el último pringado y viceversa. Ningún juego espectáculo alcanza el nivel de dramaturgia del teatro del fútbol. Es como ¿Qué apostamos?, Tú sí que vales y Quién quiere ser millonario en uno. Entonces podría pensarse: si hay tanto en juego y alrededor de cada jugador hay un ejército de analistas, asesores y psicólogos, que también en las situaciones decisivas se decidiría de una forma racional… craso error. ¿Cuál sería la mejor estrategia para un portero ante un penalti? A los espectadores les encanta cuando se lanza como un felino hacia uno de los postes. Un gesto lleno de dramatismo y una pena, pero completamente absurdo. Si tenemos en cuenta la estadística, pararía más balones si simplemente se quedara parado en el centro de la portería. Bueno, en caso de que el disparo por la escuadra ya no tendría oportunidad de pararlo. Pero esos balones no los habría parado en ningún caso. Desde el centro de la portería llegaría a parar más balones que desde uno de los postes. ¿Por qué no lo hace nadie? Porque es aburrido. Un portero que se queda como una estatua atrae el escarnio de su equipo y del público sobre sí. Se vuelve él mismo insoportable. Cuando el portero se lanza hacia un poste y el balón entra por el otro, nadie le hace ningún reproche.

Lo mismo puede aplicarse a la medicina. Si se sigue usando el mismo medicamento económico, pero antiguo, fácilmente se cosechará la incomprensión, porque en el mercado ya se puede conseguir algo «mucho mejor». Pero bastante a menudo, la última novedad se revela como el último peligro. Y cuando poco a poco se acumulan los peligrosos efectos secundarios, de repente hay que retirarlo del mercado. La historia de la medicina está llena de ejemplos de cómo nuevos tratamientos que se celebraban como un gran progreso, y años más tarde, observados críticamente se llegaba a la conclusión: operación culminada con éxito, paciente muerto.

Un ejemplo: El tratamiento del ictus consistió durante décadas en administrar trnasfusiones con anticoagulantes para diluir la sangre con la intención de que así llegara mejor el riego sanguíneo al cerebro dañado.

Un neurólogo que osó poner en duda este dogma fue Rüdiger von Kummer. Sospechaba que esta “medida de salvamento” producía precisamente el efecto contrario al deseado. El aporte de oxígeno al cerebro llegaba efectivamente diluido, pero según la ley básica del mínimo esfuerzo lo que hacía era fluir a todas partes, excepto a aquellas donde había un atasco. Cuando von Kummer expresó sus dudas con respecto al método establecido, inmediatamente fue rechazado y aislado por sus colegas y empresas del sector médico. Dejaron de invitarle a congresos importantes, porque éstos fundamentalmente estaban patrocinados por los fabricantes de los medios de transfusión cuestionados. Años después consiguió demostrar que tenía razón con sus dudas gracias al avance tecnológico de la tomografía por resonancia magnética. Silenciosamente se dejó de administrar este tipo de transfusiones perjudiciales, lo que ha salvado las vidas y los cerebros de miles de pacientes y ha ahorrado a los seguros médicos millones en gastos contraproducentes. Nadie se lo ha agradecido. Por eso le menciono aquí tan detalladamente, en representación de todos aquellos que han mejorado el mundo dejando de hacer cosas.

Otro ejemplo de la vida cotidiana: el famoso “horario de verano”. Todos los datos sobre consumo energético afirman que con el cambio de hora en verano no se ahorra absolutamente nada. ¿Por qué se hace entonces? ¿por qué siempre ha sido así? No. El horario de verano no se introdujo en la UE hasta 1977 y zas, no llega a diecisiete años después ya se aplica como norma estándar. Anular esta norma no es posible sobre todo porque psicológicamente en su momento esta norma se consideró como parte del progreso. Anular normas absurdas aporta poco reconocimiento. Propongo un premio Nobel para las mejores ideas para acabar con cosas peligrosas e innecesarias. Ya sean medicamentos, leyes, centrales nucleares o poses de portero de fútbol. La reconsideración es progreso. No es obstáculo para la evolución, al contrario. Una de las preguntas más importantes en cualquier conversación con un médico debería ser: ¿Qué puede pasar si no hago nada? Si no me opero la rodilla, sino que sigo haciendo ejercicio. Si no tomo ningún medicamento, sino que espero a ver si mejoro de la tos por mí mismo. A los médicos no les pagan por no hacer nada, aun cuando esto sería en muchos casos la mejor decisión y la más profesional. Nueve de cada diez médicos están convencidos de que al menos uno de cada diez se equivoca. Pero diez de cada diez médicos piensan que nunca son ellos. Y aunque acudan a un buen médico, una segunda opinión es de ayuda en caso de decisiones importantes. Acudir a ésta no significa una traición a la confianza, sino que es una forma de control de calidad de la que uno mismo tiene que encargarse… y después sopesar con calma. Y espero que de esta reflexión se decida dejar las amígdalas en su sitio, evitar los antibióticos, dejar la rodilla en paz. Quedarse parado en el centro, como el portero de fútbol, observar con atención y esperar a ver qué pasa. Esto casi siempre tiene sentido, pero es “aburrido”. Los cirujanos quieren saltar como felinos hacia el poste, hacia cualquiera de los más recónditos rincones de la cavidad abdominal. Quieren ser los más ágiles felinos y así a menudo no se convierten en parte de la solución, sino del problema. Un gran maestro de la cirugía reconoció en una ocasión que se necesitan diez años para saber cuándo y cómo se realiza correctamente una operación. Y se necesitan por lo menos otros diez años para saber cuándo es mejor no realizarla. En la buenísima y tremenda novela médica “House of God” se dice: The art of medicine is to do as much nothing as possible. El arte de la medicina consiste en no hacer nada todo lo sea posible. Podría presentarles aún más ejemplos, pero voy a dejarlo estar. Aunque me resulte difícil.