Gerald Hüther über die Schule

Interesante charla de Gerald Hüther. No olvidéis activar los subtítulos seleccionando Alemán en vez de Alemán automático.

El contenido de la charla sería más o menos el siguiente:

huether1_540Los padres no tienen tanto tiempo. No pueden esperar los 20 años o lo que se tarde hasta que la mejor escuela en Alemania entienda que así no se puede trabajar.

Escuela y Sociedad: La crítica radical

Stifterverband für die Deutsche Wissenschaft – Asociación de promotores para la ciencia alemana

Y por eso ahora hay cada vez más padres que quieren salir de este sistema e intentan denunciar que lo que todavía tenemos en Alemania (y en España) es casi un caso único en Europa, y es la escolarización obligatoria. A ver, cuando tengo una educación obligatoria lo que hago a través de esa ley es convertir a los niños en objeto de la escolarización. Y eso es una de las cosas más terribles que se le pueden pasar a una persona joven, a un alumno, que cuando le preguntan, ¿por qué vas al colegio? y la única respuesta que se les ocurre es: por obligación. Porque tengo que hacerlo.
La escuela debería ser un lugar adonde se fuera cada día con entusiasmo, porque fuera, en la vida real no hay tantísimas cosas que aprender como posiblemente habría en la escuela si ésta fuera como debería ser. Y ahí hay resistencias. Gente que se rebela contra la ley de escolarización y dicen: ya no voy a mandar más a mi hijo a esa escuela, y aquellos que intentan fundar ellos mismos una escuela, y unos terceros que acaban por emigrar a otros países donde no existe una ley de escolarización obligatoria. Entonces, lo que pasa en este campo es que hay mucho crecimiento silvestre. Pero este tipo de iniciativas no van a conmover al sistema educativo. Lo que conmueve profundamente al sistema educativo desde mi punto de vista son dos fenómenos. Al primero ya me he referido antes, es el hecho es que las instituciones continuistas, las universidades y las empresas para las que la escuela actualmente, siguiendo en la antigua línea de pensamiento, digamos entre comillas “producen”, no pueden hacer nada con ese producto. Esto es, como ministro de educación, ahí se le tendría que encender a uno una lucecita en el cerebro cuando la Deutsche Bahn (Renfe alemana) declara: No queremos ver más certificados de escolaridad de las personas que quieren empezar a trabajar con nosotros. Hoy he leído en el periódico que el Marburger Bund (asociación alemana de médicos y profesionales de la sanidad) dice: queremos que de una vez por todas los estudiantes universitarios aptos para el estudio de la medicina puedan estudiar la carrera médica y no aquellos que llenan las facultades hasta el numerus clausus. Wow! ¿Qué quiere decir esto? De repente se está diciendo que los centros escolares que tenéis por ahí repartidos y que mantenéis, no sirven. Nosotros como empresa no podemos hacer nada con ellos, y en el fondo la universidad tampoco puede hacer gran cosa con ellos. Nadie está contento con ellos. Y algunas universidades, como la Universidad Zeppelin dicen: vamos a ofrecer becas a gente que ha abandonado los estudios, porque tenemos la experiencia que a menudo es la gente más creativa la que fracasa en el rígido sistema escolar.

¿Qué es lo que ha fallado?

Me gusta hablar de autogestión y aquí la escuela se organiza de hecho según las normas sociales. Y si la escuela fuese diferente para acertar de pleno en su función y de todas nuestras escuelas salieran jóvenes fantásticos que estuvieran formados correctamente y supieran lo que quieren, tendríamos que cerrar nuestro sistema económico. Porque no necesitarían toda esa morralla. Es decir, necesitamos las peores escuelas posibles para producir suficientes clientes para consumir la basura que queremos colocarles. Esto se extiende hasta el ámbito de la política. Necesitamos electores lo más inmaduros posible para que puedan hacerse todos esos programas de debate permanente en la televisión. De algún modo la escuela sirve para producir todo esto, pero por supuesto genera también en sí una contradicción, porque ahora acaban la escuela demasiado pocos, esto es, no tantos niños como antes. Anteriormente se seleccionaba el 10% de la crema, de los mejores, y se decía: los demás pueden quedar como clientes, por ejemplo, y trabajar como conductores de autobús y llenar los estadios de fútbol. Y con el 10% de arriba tenemos suficiente. Ahora ya no llegan arriba suficientes. Y por eso ahora dicen las empresas que así no se puede seguir, que necesitamos gestores y ejecutivos, y los empresarios profesionales dicen que se necesita gente que quiera estudiar una formación profesional y de repente parece que el sistema educativo ya no funciona.
Lo que seguro que no va a funcionar para cambiar la escuela es decirles lo que deben o tienen que hacer. Todos esos bonitos programas que nos inventamos, que se inventan los políticos para poner en marcha reformas, conducen en el mejor de los casos a que estas reformas se apliquen, pero no conducen a que en las escuelas cambie el espíritu y las actitudes que determinan lo que sucede en las escuelas.

Aprendizaje erróneo, condicionamientos erróneos: en consecuencia se transforma a los niños en objetos.

Lo que toda persona trae consigo al mundo realmente es el placer por el propio descubrimiento y quizás también en formarse a sí mismo. Y quizás, si todo va bien, entonces también el placer en descubrir en compañía de otros y en formarse conjuntamente. Creo que casi todos los padres habrán llegado a la conclusión de que no hay ningún niño que no traiga consigo ese placer por descubrir. Si no, creo que el niño se moriría. Las primeras experiencias de aprendizaje son entonces experiencias en la relación vital con otra persona viva. Y así debería seguir siendo durante todo el proceso, porque solamente de este modo el niño adquiere la capacidad de adquirir para sí el conocimiento que tiene la otra persona. Y es una pena, pero en nuestra sociedad nos pasa antes o después con todos los niños que criamos, que el niño obtiene esta experiencia de forma fragmentada. Es decir, de repente se da cuenta de que siendo como es no es bueno o correcto. Que debe ser de otra manera. Que tiene que hacer más cosas, digamos que se convierte en objeto de las expectativas de sus padres y de las medidas educativas de sus padres, de las esperanzas y deseos de sus padres y todo lo que puede derivar de éstas, incluidas sus valoraciones.
Gracias a la neurobiología sabemos que todo eso duele. Es decir, en esas circunstancias en las que se excluye a uno de una comunidad, en el cerebro se activan las mismas redes que se activan cuando se infringe un daño físico al niño. Pero esto sigue siendo así incluso en el caso de los adultos. Esto también se ha demostrado. Es decir, que el niño que entiende por primera vez que siendo como es no es lo correcto, tiene un gran problema. Se le trata como a un objeto, lo experimenta así, y todavía no es capaz de formularlo, pero así es como lo vive. Y en el momento en que pasa eso, toda la percepción del mundo se reduce a la necesidad de superar este problema. Es decir, toda su atención se dirige entonces a la cuestión: ¿cómo salgo de aquí? Y ahí hay dos soluciones. La primera es la más sencilla, voy a convertir yo a los demás también en objetos de mis valoraciones y digo: ¡mamá tonta! En este momento el niño acaba de entrar en nuestra cultura de las relaciones.

Esto no es innato. Es algo que se adquiere, porque el niño tiene esa experiencia y entonces encuentra esa solución y así se siente aceptado en nuestro mundo, porque todos los demás hacemos lo mismo. Y entonces hay niños que efectivamente se hacen cada vez mejores en la manipulación de otros, y esa es la experiencia de aprendizaje esencial que obtienen. Y en el sistema educativo se trata también fundamentalmente de eso, manipular a los demás y hacerse mejor que ellos. No se trata de matemáticas, de biología o de la adquisición de conocimientos del  mundo. Solamente se trata de cómo puedo utilizar todo esto para mostrar a los demás que soy mejor para así poder utilizar mejor a los demás para mis metas y objetivos. Este es el primer grupo y los demás niños son peores en esto. Éstos, por alguna razón, no pueden convertir a los demás en objetos. Entonces lo hacen consigo mismos. Se dicen a sí mismos: soy demasiado tonto. Soy demasiado tonto, no sirvo para las mates, no valgo lo suficiente para que me quieran, no soy bastante guapo… Es decir, al convertirse a sí mismos en objetos se ponen a sí mismos también fuera de juego. Ahora ellos se han convertido en objetos, pero no ellos mismos, sino que por así decirlo asumen ese papel para sí. Esto es, el profesor les dice: tú no sirves para las mates. Y entonces al niño asume: es verdad, no sirvo para las mates. Y entonces ya no hay más problema. Ya pueden interactuar entre sí. Y así surgen este tipo de juegos de roles donde el profesor está arriba y ahí abajo los alumnos, y éstos van nadando valientemente los unos junto a los otros, y ya no se encuentran. Solamente siguen su camino en estas relaciones de roles en las que uno convierte a los demás en objetos. Y esto pasa también con los superiores y sus subordinados, y pasa con los padres y con los hijos, y pasa con los médicos y sus pacientes, y éste es actualmente nuestro modelo de relaciones sociales a todos los niveles. Todo esto ha surgido porque había épocas en las que las sociedades se veían forzadas por la necesidad, la miseria, la amenaza, la guerra y todo lo imaginable, a reprimir la individualidad y a reaccionar como masa. Para eso se necesitaban jerarquías estrictas, órdenes claras y el individuo no podía actuar como individuo, como sujeto, tenía que seguir a los demás como parte de una masa. Estos tiempos gracias a dios están superados, pero nuestras escuelas y nuestros sistemas educativos siguen siendo así. En nuestros entornos laborales todos seguimos nuestras carreras todavía así. Y en cada familia y en cualquier otra parte donde convivan personas se funciona todavía con el mismo esquema. Entonces yo como neurocientífico solamente puedo decir: en estas condiciones no pueden desarrollarse los propios potenciales ni como niño, ni como adulto. Esto solamente se consigue en un proceso co-creativo con un interlocutor al que me encuentro como sujeto. Todo lo demás no es formación, es adquisición de conocimiento de cómo superar el problema de convertirnos una y otra vez en objeto.

Empresarios, padres y la revolución de las relaciones

Lo que se desea ahora en empresas de éxito y que prosperan económicamente y lo que se busca urgente y desesperadamente son trabajadores con un elevado grado de compromiso, que disfrutan de su aportación a la empresa, a quienes les gusta asumir responsabilidades, que poseen cualidades y capacidad, en el sector servicios, por ejemplo, es lo que se llama amabilidad o don de gentes. Si no, la empresa ya puede ir preparándose para cerrar, si no encuentra quién le aporte estos valores. Creatividad, todo esto son cosas que no se pueden exigir de los trabajadores ni con incentivos o primas ni con la amenaza de despido, sino que son cosas que un trabajador solamente proporciona cuando le va bien en su empresa. Es decir, tiene que tener de alguna forma la sensación de que pertenece a una empresa en la que reina una cultura de relaciones en la que puede desarrollarse como individuo, donde le toman en serio. Y esta es exactamente esta transformación de la antigua relación entre objetos a una relación de encuentro entre individuos. Es decir, los directivos de empresa, los directivos modernos ya no intentarían decirles a los demás lo que tienen que hacer, sino que intentarían invitarles , animarles e inspirarles para sacer el mejor partido de sus recursos. Esta es una forma completamente nueva de gestionar empresas, también una nueva forma de entender la empresa, porque si al final pensamos que esto significa que la función más bella y realizadora de un directivo de este tipo consistiría en hacerse a sí mismo innecesario. Cuando doy a los trabajadores tanto poder y les abro tanto espacio de crecimiento que pueden actuar por sí mismos, entonces yo como directivo tradicional ya no sé qué más puedo hacer. Y ahora quizás se dan cuenta de dónde radica el problema. Pero ahora el afectado está casi siempre tan terriblemente identificado con su papel. Esto es, ahora intenta seguir manteniendo su rol de objeto, porque si no ya no sabe qué es lo que tiene que hacer. No tiene ni idea para qué está ahí. Todavía peor sucede con los profesores. Vemos incluso en algunas escuelas que trabajan de una forma diferente que algunos profesores no lo soportan, tienen que dejarlo. Allí donde los alumnos trabajan autónomamente, donde incluso deciden el material de aprendizaje, donde se generan cosas formando grupos de trabajo, en esos casos tienen que asumir como profesores una función completamente diferente que en una escuela donde ellos deciden qué es lo que se aprende allí. Y los profesores que no soportan esto, los que se definen a sí mismos siempre como alguien que lo sabe todo mejor y que evalúa a los demás y que, en esta forma de entender los roles, convierte a los demás en objeto de sus clases, este tipo de profesores no aguantan gran cosa en este nuevo mundo.

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