Fin del mundo

Hola.
Hace un par de meses  Stephen Hawking ha reducido la caducidad previsible de nuestro planeta de 1000 a 100 años. En la perspectiva más optimista que se me ocurre el medio ambiente va a seguir deteriorándose debido principalmente a la superpoblación de humanos, hasta que se actúe decisivamente por parte de los poderes fácticos y se impongan productos y conductas de menor impacto. Para entonces las sociedades emergentes habrán acelerado su crecimiento y consumo, de forma que caben serias dudas de que el deterioro sea finalmente reversible.
Asumiremos que la desigualdad económica genera conflictos entre naciones, clases sociales o sectores económicos, de modo que una nueva causa de mortalidad sustituirá a la que por otro lado se reduce con los avances de la medicina a los que solamente puede acceder un porcentaje limitado de la población mundial. Además de la muerte accidental y por enfermedad, la producida por guerras, atentados terroristas y violencia alienada tristemente empiezan a convertirse en un elemento cotidiano.
Políticas, economías y religiones irreconciliables alimentan una violencia inagotable que hace peligrar el deseable equilibrio entre culturas y el futuro de la humanidad.
Pero aunque éticamente resulte una barbaridad rayana en la eugenesia, desde el punto ecológico, cuantos más seres humanos mueran y menos nazcan, mayores posibilidades tendremos de sobrevivir como especie y como civilización.
Uno de los principales riesgos a nivel de supervivencia en el planeta es, sin lugar a dudas, el lobby de los fabricantes de armamento y su agresiva política comercial. Mientras sigamos poniendo armas en manos de individuos y colectivos desequilibrados, el riesgo de producir dramas humanos de los que se desprendan acciones individuales o colectivas de carácter destructivo con consecuencias difíciles de calibrar. Pero como he comentado antes, la reducción del número de humanos podría salvar la humanidad de su desaparición.
La posibilidad de establecer colonias habitables en otro planeta o fletar una nave espacial de gran capacidad donde pueda sobrevivir una población más o menos limitada sigue en el ámbito de la ciencia ficción y supone unos costes desproporcionados con respecto a las escasas ventajas y alternativas que ofrece.
Es mucho más asequible la construcción de grandes barcos o ciudades flotantes o submarinas, la repoblación de zonas del planeta que previamente se habrían preparado para hacerlas más habitables, estepas, desiertos, etc.
Las distopías que presentan un escaso número de supervivientes a un apocalipsis nuclear son preocupantemente cada vez más probables en el contexto geopolítico actual, aunque la capacidad de autorregulación del ser humano que viene salvando la situación hasta ahora puede seguir ejerciendo ese efecto de control todavía durante décadas.
Finalmente cabe también la posibilidad de que nos extingamos como especie. En tal caso, dejaremos vía libre a otras formas de vida más adaptables que poblarán la Tierra durante los próximos millones de años. Esto es algo que carece de transcendencia a nivel cósmico a pesar de todo el humanocentrismo que caracteriza nuestras sociedades, culturas y religiones. Sin humanos, la Tierra no dejará de ser una roca semifundida orbitando alrededor de una estrella insignificante de una galaxia insignificante de un universo que intuyo también insignificante.

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